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2. 1920

Los felices años 20 fueron una década de despilfarro y consumismo para una población que acababa de salir de la guerra más sangrienta y cruel que la Humanidad en toda su historia había conocido. Las ganas de olvidar los sufrimientos y de disfrutar de una vida que, ahora más que nunca, parecía un regalo llovido del cielo marcaron la vida cotidiana de esta década.

Miles y miles de antiguos aparceros afroamericanos sureños emigraron a las ciudades del norte de los Estados Unidos buscando trabajo y, en definitiva una vida mejor sin segregación y en la que el racismo fuese, al menos, más solapado.

Tras la Primera Guerra Mundial, los EE.UU. trataron de recuperar su anterior aislamiento pero, gracias a los innovadores y eficientes métodos de producción y al incremento vertiginoso de las ciudades, la economía llegó a tener una enorme potencia. El blues cantaba los himnos de la efervescencia del dinero, de la velocidad, de las migraciones y de la juventud.

Gracias a los avances tecnológicos, fundamentalmente la radio y la creciente industria discográfica, el blues se convirtió en una música extremadamente popular.

El blues durante esta época nace en plantaciones sureñas de Mississippi como la plantación Dockery, en la que el mestizo Charley Patton aprendió a tocar. También floreció en una amplia zona de la costa Este donde Blind Boy Fuller, el reverendo Gary Davis o Blind Willie McTell intercambiaron ideas.

La música blues nació con el estigma de música maldita y marginal. Así interpretes como Blind Lemon Jefferson se curtieron en tabernas y cantantes como Bessie Smith o Victoria Spivey ponían en sus bocas expresiones picantes y salidas de tono para la época que parecían hacer salido de algún juke joint en una noche de juerga.

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