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1. 1910

Cuando W.C. Handy, Baby Seals y Hart Wans empezaron a componer partituras de blues, este género dio un gran salto de popularidad por todos los Estados Unidos.

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Es cierto que no todas las composiciones que se autodenominaban blues eran realidad vodevil o rags y sólo tenían de blues el nombre pero, desde la publicación del “Saint Louis Blues” de W.C.Handy empezaron a fusionarse elementos de folk anglosajón, los elementos del blues y la música cubana que el autor había conocido en la isla. En los siguientes años, esa coplilla se convirtió en un auténtico “hit” y fue de las partituras más vendidas hasta ese momento.

Hasta que Mamie Smith con su “Crazy Blues” abrió los ojos de las industria musical norteamericana, la poca música que se publicaba era para anglosajones. Y esto era algo tan real que los primeros interpretes de las composiciones de Handy fueron blancos como Marion Harris o Sophie Tucker. Fue Mamie quien cambió esto de forma radical.

Este primer blues no es aún un género musical definido y, durante esta década, aún está en periodo de formación comportándose como una mezcolanza de gospel, folk anglosajón, country y jazz.

Durante estos tiempos artistas como Ma Rainey o Ida Cox o Alberta Hunter recorren las ferias y los clubes popularizando el nuevo sonido.

Tras la Primera Guerra Mundial, los EE.UU. trataron de recuperar su anterior aislamiento pero, gracias a los innovadores y eficientes métodos de producción y al incremento vertiginoso de las ciudades, la economía llegó a tener una enorme potencia. El blues cantaba los himnos de la efervescencia del dinero, de la velocidad, de las migraciones y de la juventud.

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